Dos preguntas que deben formar parte siempre de nuestro criterio para analizar los proyectos e inversiones: ¿Cuánto costará? y ¿Cuánto valor generará?.
Quiero invitar a los lectores de este corto artículo, a reflexionar sobre algo que a todas luces parece bastante obvio; pero que en algunas ocasiones, sobre todo en aquellas que requieren claridad meridiana sobre este principio básico, la confusión nubla en alguna medida nuestro enfoque, se trata del verdadero y primordial propósito de las organizaciones, la generación de valor para los accionistas.
En una clasificación bastante general podríamos hablar de dos tipos de organizaciones, precisamente categorizadas según su propósito: Organizaciones sin ánimo de lucro y organizaciones con ánimo de lucro; quiero incluir en esta reflexión tan sólo la segunda categoría, guiado únicamente por un sentido práctico y de aplicación más general.
Para ponernos en contexto, pensemos en un caso bastante simple y que probablemente algunos hayan tenido la oportunidad de experimentar; asumamos que tenemos algún capital o dinero o que simplemente tenemos la iniciativa, por necesidad o emprendimiento, de iniciar un negocio; tenemos miles de casos cerca a nuestros hogares; droguerías, tiendas, peluquerías, panaderías y muchos otros tipos de negocios en los que podemos invertir ese capital o enfocar nuestras iniciativas. Como lo mencioné en el párrafo anterior, nos interesa hablar de las organizaciones con ánimo de lucro, de tal forma que los negocios montados para evadir el aburrimiento que sentiremos luego de nuestro retiro o jubilación, no hacen parte de la reflexión propuesta; en ese orden de ideas, podremos deducir con certeza casi científica, que el propósito que nos mueve para “montar” un nuevo negocio es fundamentalmente el dinero que pueda generar, es decir la capacidad que tenga ese negocio, para brindarnos ingresos económicos por encima de los mecanismos de renta de bajo riesgo ofrecidos por el mercado de capitales, a través de las entidades financieras; puesto de otra forma, buscamos que los ingresos que obtenga del negocio, sean superiores a la rentabilidad ofrecida por los bancos con sus tasas de interés para sus servicios financieros, como las cuentas de ahorro, CDT´s y otros. En efecto esa es la verdad, no dudo de las buenas intenciones de las personas al montar sus negocios, pero estoy seguro que dentro de sus principales motivadores a la hora de decidir asumir los riesgos que suponen los mismos, no se encuentra precisamente la satisfacción de generar la seguridad alimentaria de los habitantes del barrio proveyéndoles del mejor pan o proveerlos de un elemento de autoestima superior con el peinado de moda o el de facilitarles la dotación de sus medicamentos sin tener que ir más allá del barrio; la verdad es que lo que esperamos todos es un lucro, una retribución económica por nuestro esfuerzo.
Para empezar con la reflexión objeto de este artículo, les propongo entonces, un primer cuestionamiento: ¿encuentran ustedes una razón válida para que los dueños, presidentes y accionistas de las grandes empresas tengan, a la hora de invertir su dinero en una o varias organizaciones, un propósito distinto al nuestro cuando invertimos nuestros ahorros (o el dinero proveniente de un crédito) en nuestra panadería, peluquería o droguería?....por supuesto que no, los accionistas invierten el dinero esperando que su inversión les sea retribuida en dividendos o en generación de valor de sus inversiones y al igual que nosotros, esperan que la rentabilidad sea superior a la ofrecida por el mercado de capitales o la ofrecida por otro tipo de inversiones u organizaciones, pues de lo contrario esto resultaría bastante inconveniente para nuestra estabilidad laboral, pues muy probablemente retirarían su inversión de nuestra organización para colocarla en una de mayor rentabilidad. Es así que ustedes como principales inversionistas son los responsables de que la panadería, peluquería o droguería exista, al igual son los responsables de la creación de nuevas fuentes de empleo (panaderos, peluqueros o regentes de farmacia) quienes con su trabajo le ayudarán a usted a obtener los ingresos que se requieren para la subsistencia de su negocio y la suya propia. Por ello estimados lectores no debe molestarnos, confieso que mí al principio lo hacía, el hecho de que en la misión de la empresa en la que trabajamos se haga particular énfasis en la frase “generar valor para los accionistas”.
No es mi propósito servir de abogado defensor de los dueños y accionistas, mi único objetivo con esta disertación es contribuir a que cada uno de ustedes tenga en mente, durante todas sus actuaciones, operacionales o administrativas, el hecho de que una empresa es un ente fundamentalmente económico concebido de forma casi exclusiva para generar valor para los accionistas. Actualmente están tomando gran fuerza la gestión del conocimiento o capital intelectual y la responsabilidad social que podríamos asociar a la percepción de qué tan “buen vecino” resulta ser la organización para su entorno; no quiero dar a entender que no sean en efecto factores de relevancia o que no haya relación entre estos aspectos y la generación de valor, de hecho resulta casi estratégico considerarlas hoy en día; pero ¿de dónde creen ustedes que podremos obtener (por lo menos en primera instancia) el capital necesario para gestionar el conocimiento y para ser “buenos vecinos”?, en efecto…de las utilidades, en pocas palabras de los accionistas.
Retomando el tema principal, diremos que es, en consecuencia, muy importante tener presente que toda actividad o acción que no contribuya a la generación de valor para la compañía, no debería existir o ejecutarse. De tal forma cuando alguno de sus colaboradores lleguen a ustedes con un proyecto o iniciativa, o si esa iniciativa o proyecto nace de ustedes mismos, tengan en cuenta dos cuestiones básicas: cuánto costará? y cuánto valor generará?; un financiero (como probablemente lo sea su jefe o el gerente general) les diría que sólo invertirá en proyectos con Valor Presente Neto (VPN) positivo (es decir que genere valor), concepto que de seguro ustedes ya conocen pero que en mis próximos escritos intentaré desarrollar.
Probablemente ahora mismo, surja en nuestras mentes una pregunta que nace desde nuestro sentido social y casi sindicalista: ¿pero que hay para nosotros, aquellos que trabajamos largas y duras jornadas para mantener la empresa operando?...pues justamente eso: trabajo. No resulta conveniente para alimentar esta reflexión, introducir ahora aspectos particulares sobre las políticas de compensación e incentivos en sus organizaciones, pero si me atrevo a anticipar que si ustedes logran mostrarle a sus jefes o gerentes que piensan como ellos y que además actúan operativamente en consecuencia; es decir, incorporando la dimensión financiera para tomar sus decisiones, muy seguramente recibirán en algún momento una justa recompensa… que por supuesto vendrá acompañada de mucho más trabajo y/o responsabilidad (ser bueno tiene su riesgo, pero también a mayor riesgo mayor la rentabilidad); de la misma forma como cuando encontramos a esa persona a la que podemos confiar nuestra panadería, peluquería o droguería; si lo analizan bien, esa confianza estará bien fundada y nosotros estaremos tranquilos, si esa persona piensa muy parecido a nosotros entorno al negocio.
Es menester ahora mencionar, que puede ser bastante apropiado, entender lo siguiente: tan partícipes somos nosotros de que la empresa opere, mejore y se fortalezca, como lo son los accionistas e inversionistas de que la empresa exista y sobre todo tenga posibilidades de aprovechar las oportunidades de crecimiento; todo impulsado además de por muchas otras cosas…por el músculo financiero que ellos nos proveen.
Reflexiones Finales.
Quisiera entonces como conclusión, intentar esclarecer el mensaje de esta reflexión: no importa cuál sea nuestra labor en la compañía, no podemos olvidar en ningún momento el propósito de la organización, aquello para lo cual fue pensada desde el principio y para lo cual existe, generar valor. Ese precisamente será el marco sobre el cual será medido nuestro performance; es decir, la medida de nuestra contribución a ese propósito justificará o no nuestra existencia dentro de la organización. No es esta una invitación a cambiar las funciones de nuestros cargos y fusionarlas con las del gerente financiero; es más bien una invitación a seguir haciendo las cosas bien, pero ahora entendiendo que no serán tan buenas sino contribuyen a generar valor para la compañía o en algunos casos incluso, eviten que se destruya valor.
En ese orden de ideas, podemos decir que el principio básico que nos debe acompañar, con claridad meridiana, a la hora de autocalificar nuestros conceptos o decisiones, es precisamente que aumentar el valor para los accionistas resulta ser una solución que permitirá a todos los partícipes disfrutar de los beneficios; es decir, maximizará el valor de todos, inclusive aquellos que trabajamos en la operación, ya sea vía incentivos, mejores políticas de compensación, estabilidad laboral, posibilidades de escalar profesionalmente o para los menos optimistas simplemente trabajo… es el momento, entonces, de considerar como alternativa personal de gestión, el alinear nuestros esfuerzos y objetivos con los de nuestro jefe y en general con los de la compañía en busca de crear valor para todos.
Por último y ya para finalizar esta corta reflexión, quiero dejar planteada la inquietud que intentaré responder en mi próxima editorial. Muchos de los lectores, estoy seguro, han tenido algún contacto con las normas internacionales para los sistemas de gestión (ISO9001, ISO14000, HACCP, AIB, ISO22000, ISO26000, OSHAS1800, entre otras) y todas ellas resaltan como condición fundamental, el compromiso de la dirección de las organizaciones para su implementación y mantenimiento; llama la atención entonces, que a pesar de que la evaluación de los resultados financieros siempre estará en la agenda de la dirección, en estas normas no se haga un esfuerzo más profundo por clarificar la posible relación causa-efecto entre la implementación de un sistema de gestión y las finanzas de la compañía; para muchos que hemos tenido que sortear las dificultades de “vender” las bondades de trabajar bajo un sistema organizado de gestión (ya sea por convicción o asignación), sería ideal y de extrema ayuda encontrar esta relación, por lo menos insinuada en los mapas o diagramas de procesos propuestos por las normas mencionadas.
Fabian Jaimes Pacheco
Ingeniero Químico – Ingeniero de Calidad certificado(ASQ).
Para ponernos en contexto, pensemos en un caso bastante simple y que probablemente algunos hayan tenido la oportunidad de experimentar; asumamos que tenemos algún capital o dinero o que simplemente tenemos la iniciativa, por necesidad o emprendimiento, de iniciar un negocio; tenemos miles de casos cerca a nuestros hogares; droguerías, tiendas, peluquerías, panaderías y muchos otros tipos de negocios en los que podemos invertir ese capital o enfocar nuestras iniciativas. Como lo mencioné en el párrafo anterior, nos interesa hablar de las organizaciones con ánimo de lucro, de tal forma que los negocios montados para evadir el aburrimiento que sentiremos luego de nuestro retiro o jubilación, no hacen parte de la reflexión propuesta; en ese orden de ideas, podremos deducir con certeza casi científica, que el propósito que nos mueve para “montar” un nuevo negocio es fundamentalmente el dinero que pueda generar, es decir la capacidad que tenga ese negocio, para brindarnos ingresos económicos por encima de los mecanismos de renta de bajo riesgo ofrecidos por el mercado de capitales, a través de las entidades financieras; puesto de otra forma, buscamos que los ingresos que obtenga del negocio, sean superiores a la rentabilidad ofrecida por los bancos con sus tasas de interés para sus servicios financieros, como las cuentas de ahorro, CDT´s y otros. En efecto esa es la verdad, no dudo de las buenas intenciones de las personas al montar sus negocios, pero estoy seguro que dentro de sus principales motivadores a la hora de decidir asumir los riesgos que suponen los mismos, no se encuentra precisamente la satisfacción de generar la seguridad alimentaria de los habitantes del barrio proveyéndoles del mejor pan o proveerlos de un elemento de autoestima superior con el peinado de moda o el de facilitarles la dotación de sus medicamentos sin tener que ir más allá del barrio; la verdad es que lo que esperamos todos es un lucro, una retribución económica por nuestro esfuerzo.
Para empezar con la reflexión objeto de este artículo, les propongo entonces, un primer cuestionamiento: ¿encuentran ustedes una razón válida para que los dueños, presidentes y accionistas de las grandes empresas tengan, a la hora de invertir su dinero en una o varias organizaciones, un propósito distinto al nuestro cuando invertimos nuestros ahorros (o el dinero proveniente de un crédito) en nuestra panadería, peluquería o droguería?....por supuesto que no, los accionistas invierten el dinero esperando que su inversión les sea retribuida en dividendos o en generación de valor de sus inversiones y al igual que nosotros, esperan que la rentabilidad sea superior a la ofrecida por el mercado de capitales o la ofrecida por otro tipo de inversiones u organizaciones, pues de lo contrario esto resultaría bastante inconveniente para nuestra estabilidad laboral, pues muy probablemente retirarían su inversión de nuestra organización para colocarla en una de mayor rentabilidad. Es así que ustedes como principales inversionistas son los responsables de que la panadería, peluquería o droguería exista, al igual son los responsables de la creación de nuevas fuentes de empleo (panaderos, peluqueros o regentes de farmacia) quienes con su trabajo le ayudarán a usted a obtener los ingresos que se requieren para la subsistencia de su negocio y la suya propia. Por ello estimados lectores no debe molestarnos, confieso que mí al principio lo hacía, el hecho de que en la misión de la empresa en la que trabajamos se haga particular énfasis en la frase “generar valor para los accionistas”.
No es mi propósito servir de abogado defensor de los dueños y accionistas, mi único objetivo con esta disertación es contribuir a que cada uno de ustedes tenga en mente, durante todas sus actuaciones, operacionales o administrativas, el hecho de que una empresa es un ente fundamentalmente económico concebido de forma casi exclusiva para generar valor para los accionistas. Actualmente están tomando gran fuerza la gestión del conocimiento o capital intelectual y la responsabilidad social que podríamos asociar a la percepción de qué tan “buen vecino” resulta ser la organización para su entorno; no quiero dar a entender que no sean en efecto factores de relevancia o que no haya relación entre estos aspectos y la generación de valor, de hecho resulta casi estratégico considerarlas hoy en día; pero ¿de dónde creen ustedes que podremos obtener (por lo menos en primera instancia) el capital necesario para gestionar el conocimiento y para ser “buenos vecinos”?, en efecto…de las utilidades, en pocas palabras de los accionistas.
Retomando el tema principal, diremos que es, en consecuencia, muy importante tener presente que toda actividad o acción que no contribuya a la generación de valor para la compañía, no debería existir o ejecutarse. De tal forma cuando alguno de sus colaboradores lleguen a ustedes con un proyecto o iniciativa, o si esa iniciativa o proyecto nace de ustedes mismos, tengan en cuenta dos cuestiones básicas: cuánto costará? y cuánto valor generará?; un financiero (como probablemente lo sea su jefe o el gerente general) les diría que sólo invertirá en proyectos con Valor Presente Neto (VPN) positivo (es decir que genere valor), concepto que de seguro ustedes ya conocen pero que en mis próximos escritos intentaré desarrollar.
Probablemente ahora mismo, surja en nuestras mentes una pregunta que nace desde nuestro sentido social y casi sindicalista: ¿pero que hay para nosotros, aquellos que trabajamos largas y duras jornadas para mantener la empresa operando?...pues justamente eso: trabajo. No resulta conveniente para alimentar esta reflexión, introducir ahora aspectos particulares sobre las políticas de compensación e incentivos en sus organizaciones, pero si me atrevo a anticipar que si ustedes logran mostrarle a sus jefes o gerentes que piensan como ellos y que además actúan operativamente en consecuencia; es decir, incorporando la dimensión financiera para tomar sus decisiones, muy seguramente recibirán en algún momento una justa recompensa… que por supuesto vendrá acompañada de mucho más trabajo y/o responsabilidad (ser bueno tiene su riesgo, pero también a mayor riesgo mayor la rentabilidad); de la misma forma como cuando encontramos a esa persona a la que podemos confiar nuestra panadería, peluquería o droguería; si lo analizan bien, esa confianza estará bien fundada y nosotros estaremos tranquilos, si esa persona piensa muy parecido a nosotros entorno al negocio.
Es menester ahora mencionar, que puede ser bastante apropiado, entender lo siguiente: tan partícipes somos nosotros de que la empresa opere, mejore y se fortalezca, como lo son los accionistas e inversionistas de que la empresa exista y sobre todo tenga posibilidades de aprovechar las oportunidades de crecimiento; todo impulsado además de por muchas otras cosas…por el músculo financiero que ellos nos proveen.
Reflexiones Finales.
Quisiera entonces como conclusión, intentar esclarecer el mensaje de esta reflexión: no importa cuál sea nuestra labor en la compañía, no podemos olvidar en ningún momento el propósito de la organización, aquello para lo cual fue pensada desde el principio y para lo cual existe, generar valor. Ese precisamente será el marco sobre el cual será medido nuestro performance; es decir, la medida de nuestra contribución a ese propósito justificará o no nuestra existencia dentro de la organización. No es esta una invitación a cambiar las funciones de nuestros cargos y fusionarlas con las del gerente financiero; es más bien una invitación a seguir haciendo las cosas bien, pero ahora entendiendo que no serán tan buenas sino contribuyen a generar valor para la compañía o en algunos casos incluso, eviten que se destruya valor.
En ese orden de ideas, podemos decir que el principio básico que nos debe acompañar, con claridad meridiana, a la hora de autocalificar nuestros conceptos o decisiones, es precisamente que aumentar el valor para los accionistas resulta ser una solución que permitirá a todos los partícipes disfrutar de los beneficios; es decir, maximizará el valor de todos, inclusive aquellos que trabajamos en la operación, ya sea vía incentivos, mejores políticas de compensación, estabilidad laboral, posibilidades de escalar profesionalmente o para los menos optimistas simplemente trabajo… es el momento, entonces, de considerar como alternativa personal de gestión, el alinear nuestros esfuerzos y objetivos con los de nuestro jefe y en general con los de la compañía en busca de crear valor para todos.
Por último y ya para finalizar esta corta reflexión, quiero dejar planteada la inquietud que intentaré responder en mi próxima editorial. Muchos de los lectores, estoy seguro, han tenido algún contacto con las normas internacionales para los sistemas de gestión (ISO9001, ISO14000, HACCP, AIB, ISO22000, ISO26000, OSHAS1800, entre otras) y todas ellas resaltan como condición fundamental, el compromiso de la dirección de las organizaciones para su implementación y mantenimiento; llama la atención entonces, que a pesar de que la evaluación de los resultados financieros siempre estará en la agenda de la dirección, en estas normas no se haga un esfuerzo más profundo por clarificar la posible relación causa-efecto entre la implementación de un sistema de gestión y las finanzas de la compañía; para muchos que hemos tenido que sortear las dificultades de “vender” las bondades de trabajar bajo un sistema organizado de gestión (ya sea por convicción o asignación), sería ideal y de extrema ayuda encontrar esta relación, por lo menos insinuada en los mapas o diagramas de procesos propuestos por las normas mencionadas.
Fabian Jaimes Pacheco
Ingeniero Químico – Ingeniero de Calidad certificado(ASQ).